JOAQUÍN MARÍA CRUZ QUINTÁS (Jaén, 1981) es licenciado en Filología Hispánica por la UJA. Doctorando en posesión del Diploma de estudios avanzados (DEA), otorgado por las Universidades de Jaén y Granada, dentro del Programa interuniversitario de doctorado El Veintisiete desde hoy en la literatura española e hispanoamericana (La Edad de Plata). Profesor de Lengua castellana y Literatura y Latín en el I.E.S. Ruradia (Rus, Jaén).

Ritmillos zetapariles

Zetaparo, José Luis (el argentinizador, el hundidor del país, el demagogo fetén, discreto rey del embuste — mentiroso compulsivo— parlamentario sin lustre, villano o loco, no sé) se ha sacado de la manga —cual trilero, con destreza— un aserto peregrino, generoso en su vileza. Lo que ha dicho el Maquiavelo (como lo llama la prensa), a pesar de que en el suelo los números languidezcan, es que habrá renacimiento para las próximas fechas. Y su rostro de cemento, impasible, ¡igual!, se queda.

Quizá sea que iniciemos de nuevo el Siglo de Oro, aunque parezca que vamos directos al inodoro —quiero decir que semeja que el país se va a la mierda—. ¡Siglo áureo de esplendores! También de la picaresca: una cosa parecida a lo que ocurre en España. Aunque con la diferencia que es el de arriba el que engaña.

Joaquín María Cruz Quintás

Retazos de fraseología y léxico jaenés (XXIV)


- Fritico: Con esta forma del diminutivo de frito, es muy habitual en Jaén referirse a la persona (especialmente si es párvulo o bebé) que se ha quedado profundamente dormida: Cuchi tu chiquillo, se ha quedado fritico, cuchi, cuchi ahí... Ya hemos apuntado en artículos anteriores que el diminutivo en –ico se emplea en estas tierras para expresar bienestar, cariño, simpatía o similares: a gustico, calentico, bonico, etc. Por otra parte, el adjetivo frito –sin diminutivo- también se utiliza para nombrar a la persona o animal que ha perdido la vida: Lo pilló un coche y se quedó frito allí mismo.
  
- Guarnío (guarnido): Participio del verbo guarnir (dotar, proveer, equipar), se emplea para expresar el extremado cansancio físico: La Virgen, nene, no puedo más. Estoy guarnío.

Joaquín María Cruz Quintás 

Ritos

No son pocos los que acostumbran a definir los ritos, sean cuales sean sus motivaciones, como mera “parafernalia”. Y lo suelen hacer con una autosuficiencia y altanería autocomplaciente, sabedores quienes lo afirman de que se encuentran en un estadio superior del progreso del ser humano, superador de antiguallas sin valor alguno. Pero convendría aquí ser menos ligeros de pensamiento, algo más cultivados de espíritu e inteligencia y, ya de paso, intentar disimular por todos los medios la falta de generosidad con que Naturaleza dotó a los tales, porque ya se sabe que “lo que no da Naturaleza, ni Salamanca ni Baeza.” 

A esta forma de progreso en cierto modo materialista o meramente iclonoclasta ni siquiera se sustrajo la Iglesia católica, que, tras el Concilio Vaticano II, despojó de belleza sus liturgias y sustituyó la profunda perfección de Juan Sebastián Bach o la delicadeza de un Francisco Guerrero por la estupidez musical de unas guitarras maltratadas por parroquianos vestidos con camisa de leñador. Generalmente. Y así, aun hoy, bajo las bóvedas góticas, renacentistas o barrocas de nuestras iglesias se siguen escuchando canciones perfectamente ridículas, extremadamente cursis, más propias de una excursión de los Pitufos que de una ceremonia medianamente seria.

La importancia de la ritualidad estriba en que es expresión no adjetiva, sino sustantiva (aunque no exactamente medular) de una Verdad trascendente que penetra la noche de los tiempos de la existencia humana. Y el Misterio -esto es, lo inefable- tan solo puede ser expresado mediante el símbolo: “Buscando mis amores, / iré por esos montes y riberas; / ni cogeré las flores, / ni temeré las fieras, / y pasaré los fuertes y fronteras.” Sólo así podremos cruzar las fronteras de lo que no es inteligible.

Incluso desde una concepción pagana de la existencia, el símbolo es acaso el único sendero que nos conduce hacia la ciudad luminosa, hacia la Belleza: “ ¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo, / Oh, Belleza? Tu mirada infernal y divina, / Vuelca confusamente el beneficio y el crimen.”, escribe Baudelaire en Las flores del mal. La belleza (la estética artística) también habita en la fealdad. Su origen es incierto. Que se lo digan a Balzac. A Zola. “Y se puede, por eso, compararte con el vino.” Pero en la tradición occidental, desde hace más de dos mil años, la idea del vino ha superado el umbral del simbolismo para hacerse en sí mismo Vida, Misterio. Dios en persona.

¿Se puede, teniendo conciencia de cuál es el embrión de la cultura, despreciar la trascendencia del rito? 

Joaquín María Cruz Quintás

Retazos de fraseología y léxico jaenés (XXIII)

- Chichotero: En el habla popular jaenesa era común esta voz para designar a quien vende chacinas,  fiambres, queso y charcuterías varias. Desterrada por completo del habla juvenil, todavía hoy es frecuente escuchar a algunas personas referirse al charcutero con este vocablo: "Come queso, nene, que me ha dicho el chichotero que es de lo mejorcito que hay en la plaza".

- ¡Maestro!: Vocablo procedente, como sabemos, de la voz latina magister, su origen primo es el de nombrar a quien, por su especial significación, formación o sabiduría, representa la cabeza o faro de un determinado grupo de personas. En Jaén, es muy curiosa su vinculación con el gremio de los conductores de autobús, a quienes se les suele llamar la atención con este vocativo: "Maestro, ¿queda mucho pa´ La Mancha?". O bien, tras un movimiento de volante demasiado brusco: "¡Eeeh, maestro, tenga usté cuida´o!"

Joaquín María Cruz Quintás.

Ilusionante plaza de Santa María

Una de las ventajas de la democracia radica en la aliviadora certeza de que no todo lo decide la mayoría de los ciudadanos. Existe un umbral que únicamente cruzarán si las autoridades que ellos mismos han elegido –o sus adversarios ideológicos- se lo permiten. Y el populismo es muy proclive a abrir de par en par esa puerta, fundamentalmente cuando los intereses de los políticos están a buen recaudo. 

Escribo esto a propósito de las disputas surgidas en Jaén desde que la semana pasada se presentara en la capital el anteproyecto de remodelación de la plaza de Santa María, la cual, para quien no lo sepa por no haber pasado por esta tierra todavía de paso, es la que acoge a la catedral renacentista más importante de España, camino de ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

La nueva plaza diseñada por el arquitecto Salvador Pérez Arroyo destaca, a mi entender, por su limpieza de líneas y por una estética intelectual al servicio del templo metropolitano, supeditado a su grandeza, porque no se erige como una oposición urbanísticamente blasfema a la obra cumbre de Vandelvira, sino que se subordina a ella, en un contraste que establece claras jerarquías, pero reafirmando a su vez la propia personalidad de la que será la nueva ágora de Jaén, médula espiritual de la ciudad.

Contrasta el entusiasmo de los expertos que participaron en la Mesa de contratación del ayuntamiento (humanistas de un prestigio incuestionable, como el del autor del proyecto) con la de internautas ociosos y oficinistas despistados que vienen poblando foros y cartas al director de argumentos sencillamente idiotas, dolorosa constatación de que la cicatriz del fracaso escolar no es incompatible con el atrevimiento verbal. A esto hay que sumarle la histeria argumental del PP jaenciano, sumido en un légamo de irracionalidad y pringoso populismo que, supongo, lo acabará llevando al despeñadero.

Y por último, ¡ay!, el neopuritanismo ecologista, capaz de defender que árboles gigantescos como Polifemos sigan ocultando el frontispicio de una catedral que aspira a ser reconocida bien planetario por la UNESCO.

Una de las ventajas de la democracia radica en la aliviadora certeza de que no todo lo decide la mayoría. De vez en cuando, la sensibilidad del humanista, del buen arquitecto, del especialista acreditado tiene la última palabra.
Joaquín María Cruz Quintás

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