JOAQUÍN MARÍA CRUZ QUINTÁS (Jaén, 1981) es licenciado en Filología Hispánica por la UJA. Doctorando en posesión del Diploma de estudios avanzados (DEA), otorgado por las Universidades de Jaén y Granada, dentro del Programa interuniversitario de doctorado El Veintisiete desde hoy en la literatura española e hispanoamericana (La Edad de Plata). Profesor de Lengua castellana y Literatura y Latín en el I.E.S. Ruradia (Rus, Jaén).

Es mentira (I)


“Franco siempre se mostró contrario a la democracia”

No es cierto.

De hecho, el que luego sería Jefe del Estado fue el encargado de defender la legalidad democrática tras el intento de golpe de Estado contra la República que llevaron a cabo las izquierdas revolucionarias, entre ellas un PSOE bolchevizado bajo la dirección de Largo Caballero, la Esquerra Republicana de Cataluña, los anarquistas, etc.

No sólo eso, sino que en 1932, tras el intento de golpe militar del general Sanjurjo, le había escrito:

Usted, al haberse sublevado y fracasar, se ha ganado el derecho a morir.

Anteriormente, tras el fallido golpe de Estado republicano contra la Monarquía de 1930, en el que participó muy decisivamente su hermano, el anarquista Ramón Franco, también le había censurado con vehemencia su actitud:

si pudieras escuchar hoy a los que se embarcaron contigo en la loca aventura, desengañados de sus errores, te convencerías de que lo que podía encajar en el cuadro de mediados del pasado siglo es imposible hoy en que la evolución razonada de las ideas, democratizándose dentro de la Ley, constituye el verdadero progreso de la Patria, y que toda revolución extremista y violenta la arrastrará a la más odiosa de las tiranías.

La progresiva deshumanización y descontrol de la II República le harían cambiar paulatinamente de opinión. Para él, la democracia había sido un intento noble, pero fracasado en España.

Joaquín María Cruz Quintás

Es mentira

Nueva sección para el blog en la que pondremos de manifiesto algunos errores o embustes (históricos o de actualidad) tomados a menudo por verdaderos.

España rediviva, redimible

La víctima de la fiesta, de Ignacio Zuloaga
Una de las bondades que debería propiciar la maldad de esta ruina que atenaza a España es la del alumbramiento de una nueva (vieja) ética que regenere nuestra mentalidad, codiciosa hasta la fecha: Una crisis de la conciencia.

Los regeneracionistas de Joaquín Costa y los profesores de la Institución Libre de Enseñanza acaso fueran unos náufragos finales en su voluntad de inhumar los vicios de sus compatriotas no por la política, sino por la Educación. "España es una sombra y apariencia de nación", escribió el aragonés en las primeras décadas del siglo pasado, y hoy, como entonces, se hace imperativo educar para la voluntad, frente a la abulia; para la liberalidad  y para la acción , frente al pasmo o la ataraxia. Voluntad racional alejada de sentimentalismos. Amputada de sensibilidades inocuas e inicuas, de populismo. De amoralidad.

¿Es España redimible? Lo será en tanto no se caiga en el trampantojo de asimiliar la enfermedad con sus síntomas o confundir la poda con el abono. Las enfermedades graves no tienen cura inmediata, pero nos arrojan la certeza de los pasos tuertos en el camino.

Redimir por la Educación. Pero, ¿quién educa en España? ¿Los padres? ¿Los maestros? ¿Los profesores? ¿Una televisión interesada en el negocio crematístico o en el rédito político? ¿Dónde se educa en España? ¿En los hogares? ¿En las escuelas? ¿En los institutos? ¿En los platós de colores y personajes chillones? ¿En las ficciones que reproducen en televisión los esquemas vitales de los acomodaticios y sus contravalores?

Redimir por la solidaridad, por la identidad. Pero, ¿qué es España? ¿Cuál es su verdadera personalidad, por cuya pérdida se lamentaba Picavea en las primeras décadas del siglo pasado? ¿Cuál el espíritu territorial del que hablaba Ganivet? ¿Cuál es nuestro proyecto común, si nos esclavizan las mentiras románticas de los nacionalismos y nos avergonzamos insolidariamente de lo que nos es mutuo y recíproco?

Redimir, finalmente, desde la modernidad europea. La misma que Zuloaga postulaba coloreando de pinceles la negrura cotidiana. España europea que  Ortega anheló siempre con la amargura sombría del horizonte aplastándole la pluma sobre las cuartillas.

Hoy, sin embargo pero con esperanza, queremos pensar que esa redención -frustrada- es posible. Desde abajo, siempre.

Joaquín María Cruz Quintás

Valentía, verdad, libertad

"No se pueden corromper las personas. Ni siquiera con mensajes falsos. Quisiera decir una palabra a aquellas personas que hoy, llevadas por tantas ideologías que acaban por no orientar bien sobre lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo, y a veces para comprobarlo se corrompen y se prostituyen, o van a clubs de hombres nocturnos". Estas son las palabras que el obispo de Alcalá, moseñor Reig Pla, pronunció el pasado viernes. Viernes Santo: efeméride de la inocencia asesinada. Podría suscribir punto por punto cada uno de sus asertos, que se me revelan de una nobleza y humanidad sumarias. El socorro del débil frente al tirano. La defensa de la verdad. De la libertad esencial (individual) del hombre. Y sin embargo, en este contexto de prisas mentales y clichés ideológicos, de sumisión genuflexa al pensamiento hegemónico, estas palabras libres y valientes sólo han encontrado la embestida furibunda de la mayoría de los medios.

La antigüedad de muchos de los valores que nos han hecho humanos no debería ser óbice para su custodia. De la misma manera en el caso contrario. El progreso implica armonización y equilibrio. La modernidad debe construirse sobre un sistema de pesos y contrapesos, pero no se puede socavar las piedras angulares del mundo civilizado por miedo a que te arrojen a la cabeza las de la mujer adúltera.

Libertad y verdad son los dos ejes axiales del Evangelio. Una Libertad con mayúsculas que no entiende de arbitrariedad y sí de libre albedrío. Libertad frente a libertinaje. Y Verdad frente a demagogia, frente a comodidad y relajación mental. Proyecto vital exigente de esa intrepidez que hizo abandonar a los once la casa donde se escondían de los judíos hasta el Domingo de Pascua.

Lo demás: La intolerancia (anti) religiosa, la ignominia, la lapidación, la sumisión al pensamiento hegemónico, el rasgo de vestiduras,... forman parte de otros capítulos de esos relatos que cambiaron la Humanidad.

Joaquín María Cruz Quintás

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