JOAQUÍN MARÍA CRUZ QUINTÁS (Jaén, 1981) es licenciado en Filología Hispánica por la UJA. Doctorando en posesión del Diploma de estudios avanzados (DEA), otorgado por las Universidades de Jaén y Granada, dentro del Programa interuniversitario de doctorado El Veintisiete desde hoy en la literatura española e hispanoamericana (La Edad de Plata). Profesor de Lengua castellana y Literatura y Latín en el I.E.S. Ruradia (Rus, Jaén).

Sor Quemada y la hoguera


La vicepresidenta De la Vega ha afirmado, en su discurso de apertura del Foro internacional sobre salud sexual y reproductiva, que los ciudadanos que se oponen a la nueva ley del aborto representan el segmento más retrógrado y reaccionario de la sociedad española. Sin embargo, estas palabras (azote del más elemental cimiento democrático) acaso no provoquen ya en nuestro interior aquel sentimiento de indocilidad vigorosa que nos habría consumido las tripas en otra época de mayores libertades, acostumbrados como estamos a los puñetazos un régimen gubernamental empeñado en resucitar los principios inquisitoriales del fanatismo, el sambenito y la limpieza de sangre.

Bueno está que la vicepresidenta sienta menos entusiasmo en la defensa de la vida humana intrauterina que en la de, por ejemplo, el orangután malayo o el buitre leonado. Esto es algo que se puede llegar a entender, al menos, con un simple vistazo. Y fundamentalmente porque los buitres se alimentan de carne muerta, que es el nutriente preferido de los adalides del Progreso, centinelas insomnes del planeta pajinero. (¡Qué sería de nosotros sin esta suerte de humanistas!) Pero de ahí a que estos hombres y mujeres del Renacimiento regresen al siglo XVI para achicharrar vivos los argumentos de quienes osan razonar el porqué de una aberración, señalándolos con el dedo incorrupto de María Teresa, media todo un abismo. Que por cierto es la morada cotidiana de los espíritus perversos.

Joaquín María Cruz Quintás

Retazos de fraseología y léxico jaenés (XIII)

- Enrea: La construcción estar de "enrea" es muy empleada en Jaén, y sirve para expresar que se está de juerga, de copas o de fiesta. Como resulta evidente, el sustantivo enrea (enreda) pertenecería a la familia léxica de red y enredar, esto es, complicar, liar, embrollar, que es lo que suele suceder en este tipo de reuniones gastronómico-festivas.

- Cacharricos: Con este familiar vocablo se designa a las atracciones que, por feria, se instalan en los recintos feriales o plazas de los pueblos y ciudades de Jaén. Diminutivo de cacharro, es casi exclusivo el empleo de esta forma, terminada siempre y sin excepción en –icos.
Joaquín María Cruz Quintás

Retazos de fraseología y léxico jaenés (XII)

-Cucha, cuchi: Voz empleada para llamar la atención sobre algo. Procede de escucha (es simpática su variante terminada en –i), pero su significado se ha ido ampliando, hasta el punto de que viene a ser, generalmente, sinónimo de mira: Cuchi mi tita. En ocasiones, la vocal final llega a omitirse, produciéndose apócope: Cuch, cuch, cuch.

-Jolillar: Verbo con el que el hablante jaenés suele referirse al acto producirse una lesión que, general y curiosamente, es de carácter óseo: Ya se nos ha jolillao la pierna el delantero centro.

Joaquín María Cruz Quintás

El triunfo de Rousseau o la pandemia del buenismo


Esta semana he tenido la oportunidad de acompañar a unos alumnos en una excursión al yacimiento de Alarcos, en Ciudad Real. Una vista del máximo interés de la que me quedo, no obstante, con una afirmación de la muchacha que nos hacía de guía por el recinto, a propósito de un intercambio de impresiones con unos alumnos: Yo soy proislámica, en realidad. No es cierto que las mujeres estuvieran peor en el mundo islámico; de hecho, el islam es seis siglos posterior al cristianismo, es más moderno. Incluso en España, hace poco, la situación era similar para la mujer… Hay que dejar que cada cultura vaya evolucionando por su cuenta. Afirmaciones de las que se infiere el aplastante triunfo –y su epidemia- de ese buenismo antirracional que Rousseau propugnó con su aserto sobre la bondad natural del ser humano, bien embadurnado en este caso con una pomada romanticona de paraísos perdidos que ni Milton y Américo Castro juntos en una noche de parranda.

La negación del rigor y la razón -asunto que ya hemos tratado en artículos anteriores- es la premisa imprescindible que propicia esta mezcolanza de utopía, fantasía, falsificación y odio. Odio al cristianismo y a todo lo que represente la civilización occidental; esto es, a la cultura opresora del buen salvaje, a la cultura que convirtió en polvo -como en una cuaresma de siglos, Cides y pendones- una Edad de Oro cuyo Saturno calzaba babuchas.

Porque no me negarán ustedes que la nueva religión llegó a la Península para modernizar un poco la reaccionaria concepción que el cristianismo tenía de la mujer, a la que le había extirpado la buena vida de que gozaba en tiempos de los romanos y, antes, de los griegos. Porque, hombre, eso de que la mujer fuera considerada res (cosa) en época romana (que era el trato que recibían los extranjeros y los esclavos) y que, con la llegada de la Fe cristiana, la mujer fuera reconocida en toda su dignidad humana de hija de Dios (y no como una cosa o propiedad) no es tampoco un dato demasiado significativo. Que el número de conversiones de mujeres al cristianismo se produjera en una proporción muchísimo mayor que el de los hombres, también es un dato baladí. Y que el infanticidio fuera especialmente frecuente y virulento en Roma con niños enfermos y con las criaturas de sexo femenino -hecho que, como resulta evidente, no se daba en las comunidades cristinas- pues tampoco. Aunque, como ven, en este aspecto no existía entonces la paridad de que gozamos hoy.

Y hete aquí que desembarcó en Al-Andalus la muy avanzada civilización para sustituir el trasnochado (¡tenía ya siete siglos la frasecita!) amarás a tu prójimo como a ti mismo por el revolucionario aserto de que el testimonio de la mujer vale la mitad que el del varón o por la modernísima exhortación: ¡Amonestad a aquéllas de quienes tengáis temor de que se os puedan rebelar, dejadlas solas en el lecho, y pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Alá es excelso, grande.

Y de notable tamaño también, las empanadas mentales de nuestro tiempo.
Joaquín María Cruz Quintás

Retazos de fraseología y léxico jaenés (XI)

- Chacolín: Este es el término jaenés para designar a las marionetas de teatrillo. Escribe Muñoz Molina: En Granada a los títeres de cachiporra les llaman cristobicas; en mi tierra de Jaén les llamábamos chacolines. Se corría por nuestro barrio la voz de que en el corral o en el zaguán de alguna casa iban a hacer chacolines y aquellos niños antiguos que casi nunca habíamos visto un televisor nos congregábamos sentados en el suelo para dejarnos hechizar por un pobre teatrillo que otros niños habían improvisado para ganarse unas pocas monedas pero sobre todo por el gusto de jugar, por la atracción primitiva de los títeres que parecen poseer vida propia aunque se vea que una mano los mueve y hablar con voces impostadas y darse rígidos mamporros.

- ¡La Virgen, nene!: Interjección de matiz religioso y muy abundante uso en Jaén, siendo acaso la más popular de todas.

- ¡La Vística!: No está muy claro cuál es la consonante implosiva de la primera sílaba de esta interjección frecuentísima en Jaén (Vírtica, Vística, …), utilizada a menudo con el objetivo de no mencionar los nombres sagrados en vano (¡La Virgen, nene!). Sin embargo, parece ser que su génesis es tan piadosa como jaenesa, en tanto que vendría a ser la contracción y deformación fónica de ¡La Virgen de Tíscar!, patrona del pueblo Quesada, en la sierra de Cazorla, y cuya fiesta y romería se celebra el primer fin de semana de septiembre.

Joaquín María Cruz Quintás

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